viernes, 11 de enero de 2013

RECONSTRUYENDO EL SOCIALISMO



En estos tiempos de crisis, vengo oyendo desde personas con inquietudes y reflexivas de la situación actual, clamores para que el socialismo en España y en Europa vuelva a sus orígenes, como la gran solución al creciente poder de la derecha, y freno a la reacción que está acabando con uno de los logros sociales más notables de los últimos 80 años, como ha sido el llamado Estado del Bienestar.
 
Si partimos de la premisa de reconocer que lo que estamos viviendo es una gran revolución social, de parecidas características a la revolución industrial de finales del siglo XVIII que comportó entre otros grandes cambios, el nacimiento del proletariado como clase social y que la actual crisis económica no es otra cosa que la constatación efectiva del fracaso de los antiguos sistemas en una nueva realidad que la evolución tecnológica y de pensamiento ha implantado, deberíamos desterrar de nuestro pensamiento, cualquier idea que nos induzca a buscar en el pasado las soluciones del futuro.
 
No quiero decir con esto que se deba renunciar a los grandes principios humanistas de libertad igualdad y solidaridad que definen el pensamiento socialista, si no que a las estrategias que hasta hoy hemos empleado para conseguirlos debemos darles un giro, para encontrar el ángulo correcto que nos ponga en la dirección adecuada a la nueva sociedad del siglo XXI.
 
Del mismo modo que el socialismo no democrático, el de la dictadura del proletariado, fracasó estrepitosamente en la  década de los 80 del pasado siglo XX. Hoy el capitalismo salvaje que Ronald Reegan y Margaret Tatcher, pusieron en marcha, en la misma década del siglo anterior, se nos muestra como totalmente incapaz de garantizar una convivencia en términos de una justicia y una dignidad social. Es pues en la socialdemocracia donde hay que buscar el camino adecuado y en los grandes valores humanistas de libertad, igualdad y fraternidad, donde basar cualquier forma de estructurar la nueva sociedad el siglo XXI.
 
Hoy vivimos en un mundo económicamente globalizado, donde los conceptos de arancel y proteccionismo, tan propios de las doctrinas nacionalistas del siglo XIX y principios del XX han perdido todo el sentido; incluso el propio concepto de nación o de estado, ya no significan lo mismo que antaño, desde el momento que su poder e incluso la libertad de acción de sus gobernantes democráticamente elegidos, es condicionada por elementos ajenos al propio sistema político.
 
A modo de ejemplo, les invito amigos a pensar sobre el sentido actual de uno de las grandes metas del socialismo en el siglo XIX, como era alcanzar el poder para ejercer el control de los medios de producción de bienes y servicios. ¿De que nos va a servir ejercer el control público de unas fábricas o comercios, cuando resulta que en realidad estos dependen de una cadena de crédito, el final de la cual se puede encontrar a miles de kilómetros de distancia y repartido en un marasmo de intereses distintos, entre los cuales a lo mejor figuran los ahorros de unos futuros pensionistas del otro lado del mundo?
 
Los izquierdistas del siglo XXI debemos ser lo suficientemente imaginativos, para olvidarnos de las cuestiones puramente locales, retomar el internacionalismo, como uno de los grandes valores, y acordar  con nuestros hermanos ideológicos todas las estrategias a llevar a cabo para recuperar el liderazgo de la sociedad en esta nueva era.
 
Yo invito a los compañeros socialistas de toda España, con conocimientos de economía y ciencias empresariales a iniciar un gran y público debate, de ámbito europeo si es possible, donde se apunten nuevas estrategias para una nueva sociedad del siglo XXI, más justa, más solidaria y más libre.

lunes, 7 de enero de 2013

DE PATRIOTAS Y PATRIOTEROS


Bien, ya hemos pasado la Navidad, superado la fatídica fecha del 21 de diciembre, de 2012, donde los Mayas nos anunciaban el fin de los tiempos, y entrado en el 2013, un año que los profetas actuales nos anuncian de grandes penurias, recortes; donde todo lo que podemos esperar es dolor y crujir de dientes. Pero todos seguimos ahí y esto es lo importante y con moral de victoria, pues es bien seguro que todos los que hasta hoy nos han venido diciendo, que no hay otro remedio, que los pobres no tenemos derechos si no obligaciones, que si queremos que los ricos salgan de la crisis que ellos mismos han creado y les ha representado una pequeña merma en sus suculentos beneficios, vuelvan a nadar en la abundancia, nosotros debemos renunciar a una sanidad y educación, publicas e incluso a unas pensiones dignas para los que ya estamos en la llamada tercera edad. De nada valen ya los esfuerzos colectivos, y solo el individualismo, con la competitividad más salvaje, van a ser el motor del progreso de unos pocos privilegiados que van a seguir cuidando muy bien de sus privilegios.
 
Todo en nombre de un nacionalismo extremista que parece estar extendiéndose por todo el orbe, salvo raras excepciones. Despedimos el pasado año, con la noticia de que en Japón y en buena parte de los países denominados tigres asiáticos, la extrema derecha identitaria, ocupa posiciones de poder, luego de haber sido votado democráticamente, como si de golpe y porrazo en estos lares se hubiera despertado un atávico sentimiento tribal que les induce a pensar en solucionar sus cuitas, combatiendo al vecino.
 
En todas partes vuelven a sonar los discursos patrióticos, donde se ensalzan las virtudes locales y se denuestan la de los vecinos; donde quien los pronuncia ensalza a los suyos, y culpa al de fuera de todos sus males, mandando al cuerno en poco tiempo los esfuerzos de tantos y tantos, que a lo largo de más de 80 años, han luchado por superar las diferencias, invitando a los pueblos distintos a compartir esfuerzos para superar las dificultades. Cuestión a todas luces muy comprometida para los que nos consideramos de izquierdas y que esto de la cuestión nacional lo tenemos superado por principios y no nos consideramos pertenecientes a ninguna tribu, si no a la humanidad entera.
 
Pido fervientemente a todos, que cerremos los oídos a estos discursos que más que patrióticos yo los califico de patrioteros, que en verdad, como podemos contemplar en diversas etapas de la historia, nunca nos han conducido al bienestar general, si no a graves confrontaciones, donde unos pocos espabilados, han hecho suculentos negocios a costa de las desgracias de muchos.
 
Como muchos de Vds. saben yo he nacido y vivo en Cataluña, un lugar en el noreste de la península Ibérica, donde un derecha nacionalista, hasta hoy pretendidamente moderada, necesita esconder el fracaso en su gestión de la crisis y nos lanza a una confrontación con nuestros hermanos del resto de España, a quienes acusa de expoliadores y vividores sin escrúpulos. Cuenta para ello con un aliado impagable, como un Gobierno de carácter ultranacionalista español en la poltrona de la Moncloa, al que le viene como anillo al dedo, desviar la atención de la gente con confrontaciones de carácter nacionalista, que oculten la privatización y desmontaje de todos los servicios públicos, que desde 1982, se habían construido bajo el genérico nombre de Estado del Bienestar, que sibilinamente y con la excusa de una dicen imprescindible austeridad están llevando a cabo.
 
Temo muy mucho, que bajo estas premisas y con los patrioteros discursos que se oyen hoy día por la calle, todo acabe a garrotazos, pues según parece a los políticos nacionalistas, bien poco les importa el bienestar de sus ciudadanos, con tal que estos no metan sus narices en sus tejemanejes de corte neoliberal.
 
Confío en gran manera en el PSC, el Partido de los Socialistas de Cataluña, que si bien empieza el año en horas bajas i después de haber tenido el pasado noviembre su peor resultado histórico en unas elecciones autonómicas; creo sigue siendo la única fuerza capaz de enderezar la situación desde la sensatez, y la búsqueda de la armonía, con el conjunto de los españoles, mediante una más que imprescindible reforma constitucional para avanzar hacia una España de carácter federal, donde los diferentes pueblos y culturas que la constituyen puedan encontrar su perfecto encaje, sin necesidad de anacrónicos patrioterismos.

lunes, 17 de diciembre de 2012

SE ACERCA LA NAVIDAD


Publico este artículo, justo una semana antes de la Nochebuena, que hoy se me ocurre una de las más tristes de todos mi sesenta y seis años de existencia, con la sana intención de dejarles descansar a Vds, de mis reflexiones hasta el próximo año 2013.
 
Decía que este año, la fiesta familiar por excelencia en gran parte de nuestro planeta, se me antoja la más triste desde que tengo uso de razón, pues no recuerdo tamaña cantidad de conciudadanos de nuestro planeta, en circunstancias de pobreza y desprotección como los que veo cada día saliendo de mi casa, o asomándome al televisor.
 
Como muy bien saben los que siguen mis escritos habitualmente, me considero un ateo recalcitrante, no son pues los valores cristianos los que me inducen a reflexionar en estos días sobre una fiesta, de la que dicen se remonta a los albores de la existencia humana, cuando nuestros ancestros mostraban públicamente su júbilo, en el solsticio de invierno, donde terminaba el acortamiento de las horas de luz y el periodo improductivo de la tierra y empezaba el nuevo ciclo de producción y regeneración.
 
Sin que sirva de precedente utilizaré una expresión que los católicos decían antaño, como es la de “En Navidad, ponga un pobre en su mesa” para significar que en los tiempos que corren no hay suficientes mesas para tantos pobres como los que han ocasionado, en los cuatro últimos años, y siguen ocasionando un atajo de egoístas impresentables en nuestro planeta.
 
Pero lo que más me sorprende, y a la vez me inquieta, es ver como estos poderes fácticos, han conseguido, aterrorizar a la masa humana de tal manera, que no solo no se atreven a alzar la voz para protestar por la injusticia, ni osan juntarse para apoyarse mutuamente en la lucha para cambiar la situación, si no que han entrado en una especie de fatalismo conformista, que a todas luces va impedir una evolución en positivo para los intereses sociales.
 
Los partidos políticos de izquierda, sumidos en una lucha intestina sin cuartel, preocupados por repartirse unas cada vez más escasas cuotas de poder, parecen haber olvidado su misión principal por la que fueron creados, de servicio a la sociedad y particularmente a los más desfavorecidos, a fin de dotarlos del poder necesario para que nunca puedan ser explotados.
 
No me negaran Vds. que este conjunto de circunstancias que hasta aquí he expuesto, no son el marco más apropiado para una alegre Navidad, si no más bien todo lo contrario.
 
Con todo, estoy convencido, que al igual que nuestros ancestros, para mi la Navidad es una fiesta también de esperanza, pues si bien para ellos significaba el inicio de un nuevo periodo de productividad, para mi espero, sea el punto culminante de la crisis económica y el inicio de la salida, y no me refiero a los términos económicos si no de replanteamiento del sistema, donde nos cuestionemos el concepto de propiedad privada y valorando debidamente el de propiedad colectiva; donde el valor del trabajo no se determine como si de una mercancía se tratara, si no del rendimiento del capital humano.
 
Porque amigos, para los que aun no os hayáis enterado, estamos inmersos de lleno en una Revolución, que al igual que la Revolución Industrial del siglo XVIII, va a cambiar todo lo que en este mundo se menea y aunque ahora, al igual que entonces, vivamos épocas recesivas, donde los reaccionarios intentan frenar el avance, e incluso hacernos retroceder, a medio plazo surgirán nuevas ideas y modernas fórmulas económicas que tenderán al progreso y la justicia social con un reparto equitativo de la riqueza generada.
 
El problema reside, en que llegado el momento, las clases populares se encuentren preparadas para asumir las responsabilidades que se les vienen encima; cuestión de la que en principio dudo mucho, pues no veo que ni partidos políticos de izquierda ni las organizaciones sociales, estén demasiado por la labor. Vengo diciendo desde ya hace tiempo, que los sindicatos deberían tener un papel preponderante en la transformación de la sociedad; unos sindicatos evolucionados, que no decimonónicos y adaptados perfectamente a la economía del siglo XXI.
 
Con todo, sigo creyendo en los valores fundamentales del socialismo, de Libertad, Igualdad, y Solidaridad; al fin y al cabo los mismos en que se inspiraron los grandes revolucionarios del siglo XVIII y primera mitad del XIX y que estoy plenamente convencido, serán la base de la nueva revolución del siglo XXI.
 
Desde mi humilde condición de “Paliza del Reino” os deseo una Feliz Navidad y una buena entrada del año 2013. El día 7 de enero espero reencontrarme con todos vosotros.

lunes, 10 de diciembre de 2012

WERT UN ULTRA, LANZADOR DE CORTINAS DE HUMO


 


La propuesta de una nueva ley para la educación en España, que ha presentado el ministro Wert, levantando ampollas e incitando a la rebelión en Cataluña, cuando incide especialmente en un tema, como es el lingüístico, de especial sensibilidad en el noreste español, se me antoja una especie de cortina de humo para esconder una realidad susceptible de incitar a la rebelión, no solo en Cataluña, si no en toda España, como son los fatales resultados que los españoles estamos cosechando de las políticas económicas, desarrolladas por el gobierno ultraliberal que rige nuestros destinos, bajo los auspicios de la teutona Ángela Merkel.
 
Es una cortina de humo extraordinariamente densa, pues mucho es lo que tiene que ocultar. Desde unos inútiles recortes en los derechos sociales, que no han permitido este año reducir el déficit hasta la cifra propuesta por el propio estado español a la UE, con lo que quedarán muy en entredicho, las gestiones de José Luis de Guindos, Cristóbal Montoro  y el propio Mariano Rajoy que han demostrado delante del mundo entero una absoluta impericia, a la hora de hacer predicciones económicas y cumplir con los compromisos contraídos.
 
Incluso la propia ley, contiene elementos de suficientes altos vuelos como para tratarlos de ocultar, como es la carga ideológica en los aspectos de supresión de la Educación para la Ciudadanía, y el regreso de la Religión a la aulas, además de apostar decididamente por la privatización y elitización de la enseñanza.
 
En Cataluña, están consiguiendo plenamente los objetivos propuestos y creo que también en el resto de España, pues ya nadie habla de la ley en si, ni de todos sus puntos regresivos, como los mencionados anteriormente o el retorno a las revalidas y exámenes de estado, que antaño ya demostraron suficientemente su injusticia y su inutilidad; si no que vuelven como siempre a provocar un debate estéril, intentando dividir a una población como la catalana que hasta hoy no ha tenido el mínimo problema por la cuestión lingüística; y aun más después que el sistema de inmersión que la ley pretende cargarse, haya sido confirmado por el Tribunal Constitucional en repetidas ocasiones.
 
Estoy plenamente convencido, que dada la actual situación política en el principado, después del resultado de las absurdas elecciones convocadas por Artur Mas, y celebradas el pasado 25 de Noviembre, donde el principal partido de la derecha nacionalista catalana, se encuentra en un verdadero lío para formar un gobierno mínimamente estable; la propuesta Wert le sienta a las mil maravillas, pues le permite seguir culpando al estado español de todos los males que aquejan Cataluña, y en particular de animadversión hacia su signo identitario principal como es la lengua.
 
CiU, que desde el 11 de setiembre pasado, se ha adentrado en las procelosas marismas del independentismo, al no haber obtenido la mayoría absoluta que pretendía en estos comicios, se encuentra con que el Partido Popular, es la única formación que le puede respaldar la política neoliberal que practican desde hace dos años, con gravísimos recortes, en la sanidad y educación públicas y una peligrosísima deriva hacia la privatización de los servicios esenciales de educación y sanidad; todas las demás formaciones independentistas, le exigen un giro de 180º en política económica para darle soporte, al igual que los socialistas, que además le exigen un regreso a la negociación con el gobierno central dentro de los márgenes del estatuto de autonomía.
 
Es quizás por esto que me huelo todo este melodrama va a terminar con la avenencia PP CiU, después que los primeros acepten quitar los artículos que se refieren al tema lingüístico de la nueva ley y Artur Mas, o quien entonces esté al frente de CiU, acepte todos los demás, religiosos incluidos, pues de hecho es lo que ya está practicando en Cataluña, a cambio de aparcar sine die lo de la consulta independentista. Mariano podrá presumir entonces de haber desactivado, la revolución independentista, y evitado la rotura de España. Mientras que el líder nacionalista catalán presumirá de haber ganado la batalla más grave presentada por el estado contra la lengua catalana.
 
Todos los españoles sin excepción ninguna, vamos a pagar las consecuencias de este paripé, pues con todo y casi sin que nos demos cuenta, nos habrán metido de canto, una reforma educativa, que nunca hubiéramos pensado fuera posible, todos aquellos que en estos días hace 34 años votábamos ilusionados una constitución democrática.

lunes, 3 de diciembre de 2012

¿A QUÉ ESTAMOS ESPERANDO?

Es la pregunta que me hago de un tiempo a esta parte, mientras contemplo desesperado como el socialismo en España, va perdiendo día a día posiciones en la sociedad. El resultado de las recientes elecciones en Cataluña, cuando el que les ha convocado, Artur Más líder de la derecha nacionalista catalana, y presidente de la Generalitat de Cataluña, las planteó como una especie de plebiscito sobre el soberanismo en Cataluña, cosechando un gran fracaso, pese a ganarlas; ha puesto de manifiesto el error del argumento socialista, que hasta hoy decía no ganar las elecciones al Parlament de Cataluña, porque muchos ciudadanos votantes suyos en la generales, se abstenían cuando se trataba de autonómicas, al resultar que en esta ocasión, con una participación prácticamente igual a la de anteriores generales, ha retrocedido considerablemente en votos y escaños; o sea que los votantes otrora socialistas, ante una dicotomía, como la planteada por la derecha nacionalista catalana, se han lanzado de cabeza a las opciones nacionalistas españolas, como las representadas por el Partido Popular y Ciutadans.
 
Es verdad que Artur Mas y los suyos, además de esconder su fracaso en los dos años de gobierno con las elecciones pretendían, y en una pequeña parte han conseguido, pillar a contrapié a los socialistas para rematar una faena largo tiempo emprendida, de destrucción y aniquilación del Partido de los Socialistas de Cataluña. Pero también hay que decir, que a pesar que en el doceavo congreso celebrado por el PSC ahora hace un año, se establecieron unas directrices inequívocas basadas en el federalismo, por lo que se refiere a la cuestión territorial, una parte de la militancia, no ha cejado de marear la perdiz con el “derecho a decidir”; hasta el punto de crear un confusionismo en el electorado donde ya nadie tenia claro, si en caso de ganar los socialistas, convocarían también la consulta independentista. A mi entender, esta ha sido la principal causa del trasvase del voto socialista a Ciutadans, (168.771 votos).
 
Un confusionismo parecido al que he señalado en el socialismo catalán, aparece también en el conjunto del socialismo español, donde el elector no sabe, o no entiende con claridad las propuestas socialistas en cuanto a la salida de la crisis, sencillamente porque no se formulan con claridad. ¿A que están esperando los lideres del PSOE en decir que si ellos gobiernan, al día siguiente van a quitar, el copago de los medicamentos, que van a restituir las partidas presupuestarias destinadas a la educación pública, que van a actualizar las pensiones y que para ello van a reformar la fiscalidad sobre todo para los más ricos y perseguir con saña el fraude fiscal? ¿A que esperan para aclarar al ciudadano, que van a enfrentarse a la política de austeridad que pregona Fraü Merkel, aplazando el pago de la deuda y destinando los fondos a fomentar el crecimiento y el empleo?
 
El  pasado domingo día 2 de diciembre, conmemoramos el 30 aniversario de la investidura de Felipe González como presidente del gobierno, un hito en nuestra historia reciente, pues se iniciaba la verdadera transformación de una España, subdesarrollada políticamente hablando, que salía de una dictadura, en un verdadero y moderno país democrático; donde sus instituciones sufrieron cambios que a muchos parecían inverosímiles; incluso el ejercito, la institución que había representado la base de la dictadura, vio de la noche a la mañana como los viejos tics eran arrinconados y una nueva ideología de servicio al estado de derecho se imponía entre sus filas, convirtiendo en un abrir i cerrar de ojos, la institución en unas fuerzas armadas de corte internacional.
 
¿Se acuerdan Vds. como el PSOE de entonces consiguió una mayoría absoluta, nunca más superada de 202 escaños en el congreso de los diputados? Sencillamente diciendo en la campaña electoral las medidas que tomarían nada más llegar al gobierno, que habrían de poner el país a trabajar, para construir un estado del bienestar como el que envidiábamos a franceses y alemanes.
 
¿A que estamos esperando, Alfredo?       

lunes, 26 de noviembre de 2012

TENEDLO POR SEGURO; EL SOCIALISMO VENCERÁ


El socialismo en España y en Europa, salvo raras excepciones, parece de capa caída, como se encargan de recordarnos un día tras otro la mayoría de medios de comunicación, en su mayoría, dominados por la derecha. Los resultados de las elecciones, gallegas y vascas de hace unos días y las catalanas del pasado domingo, son suficientemente claros para comprender que los planteamientos socialdemócratas, defendidos por el PSC en Cataluña y el PSOE en toda España, ya no gozan de la predilección popular, que de una u otra forma, votando a otras opciones del espectro, ha dado la espalda a quienes de una manera sensata, pretenden una sociedad más justa, bajo los grandes valores humanistas de la libertad, la igualdad y la solidaridad.
 
No voy a ser yo quien niegue que los socialistas han cometido errores en las ocasionas que han tenido responsabilidades de gobierno, algunos de bulto, como el de experimentar inútiles terceras vías fuera de los cánones de la izquierda, orillando peligrosamente el capitalismo más salvaje en las épocas más agudas de la crisis; sin embargo con todo, honestamente sigo creyendo que para la sociedad en general, han sido siempre mejores los socialistas en el poder que el neoliberalismo y neoconservadurismo que hoy gobierna en la mayoría de países de la UE, en el parlamento de Estrasburgo y en las instituciones comunitarias. No seré tampoco yo, quien pretenda disimular la poca capacidad manifiesta de ejercer una oposición responsable, en cuanto se ha perdido el poder. Tanto en España como fuera de ella, el socialismo en la oposición se ha mantenido distanciado de los ciudadanos, al igual que cuando ocupaba la poltrona, situación que no le ayuda en lo más mínimo a la hora de pedir su voto o de inducirle a salir de casa para acercarse a las urnas.
 
Ya va siendo hora que nos pongamos las pilas, y los socialistas dejemos a un lado la soberbia del gobernante, regresemos a nuestro sitio natural al lado de los ciudadanos, y escuchando y viviendo con ellos sus problemas, debatamos y busquemos conjuntamente las soluciones, con el fin que en el momento en que nos otorguen de nuevo su confianza y accedamos a las posiciones de gobierno, les facilitemos su aplicación práctica.
 
La nueva sociedad española, surgida de la a crisis económica reclama de sus representantes políticos, una nueva forma de hacer, bien distinta a la que hasta hoy han llevado a cabo, condicionados por una deficientemente articulada transición a la democracia pactada en los años 80 del pasado siglo XX. Una nueva forma de hacer basada en los grandes valores humanistas del socialismo de siempre, libertad, igualdad y solidaridad, y ello es lo que me induce a pensar que el PSOE es quien mejor situado está para cumplir con estas expectativas en nuestro país, además de impulsar la práctica de los mismos valores en la UE.
 
De esta crisis, al igual que la de los años 30, Europa y casi me atrevo a decir el mundo, va a salir con un gran paso adelante socialmente hablando, si en España este paso lo lidera el PSOE, solo depende de el mismo y su capacidad de regresar a sus posiciones originales, no de ser el gobierno de los trabajadores, si no “los trabajadores gobernando”.

lunes, 12 de noviembre de 2012

REVOLUCIÓN Y REACCIÓN


Decía Pi Margall a mediados del siglo XIX que la Revolución es la paz y la Reacción la guerra. Eran tiempos convulsos, más o menos como los actuales, donde en España y en el mundo se intentaba evolucionar unas estructuras sociales, periclitadas por las grandes transformaciones que la llamada revolución industrial en plena efervescencia inducía.
 
La democracia entonces, intentaba abrirse paso en una España de nobles y curas, que se negaba siquiera a intuir los cambios liberalizadores que en Europa y América se producían y  determinaban una nueva concepción social del orbe.
 
La situación de crisis económica que por entonces se vivía, y estoy hablando de 1854, provocaba en España insurrecciones en las clases más bajas y pronunciamientos militares de toda índole, signos evidentes de una revolución que se fraguaba en los ambientes de la pequeña y mediana burguesía agrícola e industrial, que veía temerosa la necesidad de un cambio radical para desviar el camino hacia la ruina más absoluta, que España había emprendido a partir del desmoronamiento del imperio colonial.
 
Resulta sorprendente la clara visión premonitoria de Pi Margall, cuando los acontecimientos históricos que se sucedieron no hicieron más que confirmar la celebre expresión,  por cuanto, a todos los intentos revolucionarios que se han producido en España desde entonces, siempre les ha sucedido una contraposición de los elementos reaccionarios en forma violenta cuyo triunfo ha representado en todos los casos un retroceso social considerable.  Véase en el pasado siglo XX, dictadura de Primo de Rivera, una guerra civil, seguida de cuarenta años de autocracia y cuando parece que  de forma totalmente incruenta, se impone el sentido común y con 23 años de gobierno socialista se empiezan a saborear en España, los frutos de un estado del bienestar europeo; la excusa de una maldita crisis, sirve de nuevo a la reacción para hacernos retroceder socialmente 40 años.
 
Porque amigos no lo duden ni un momento, los 23 años de gobierno socialista de la mano de Felipe Gonzalez, fueron los de una auténtica revolución que situó este país en la esfera mundial de las democracias avanzadas. Ahora hemos vuelto por desgracia a un periodo de reacción, donde se intentan desmontar los logros revolucionarios, no dudando para ello en apelar al nacionalismo y el patriotismo, con el fin de enfrentar a unos con otros por aquello de a río revuelto ganancia de pescadores; aunque esto coloque al país o incluso al continente al borde de la confrontación armada.
 
¿No han oído Vds. estos días, de boca de los que se llaman expertos, que la situación en España es parecida a la de los años treinta del pasado siglo XX? 
 
También entonces después de una revolución pacífica como la que representó la proclamación de la II Republica española y la puesta al día del estado español en el seno de la comunidad internacional, por parte de un gobierno de izquierdas. En 1934 la victoria electoral de las derechas, significó el desmontaje de todos los logros democráticos conseguidos, creando además un clima de confrontación entre ciudadanos, que llegó al paroxismo en la nueva convocatoria electoral de 1936 cuando las izquierdas regresan al poder y los poderes fácticos se sublevan, procurándonos el mayor retroceso histórico que nunca ha tenido este país, por un negro período de 40 años.
 
¿Vamos a permitir que nuevamente nos desmonten los logros sociales conseguidos en los años de gobierno socialista? ¿Seremos capaces los españoles de regresar al periodo revolucionario, que ha significado la paz, y el progreso, sacudiéndonos de encima, la reacción en la que estamos inmersos? ¿O lamentablemente nos deslizaremos por la pendiente reaccionaria que nos ha de conducir a un seguro enfrentamiento?